Lo sensual es aquello relativo o perteneciente a los sentidos, a las sensaciones. Un placer sensual es, en su esencia, el disfrute de las cosas que incitan o satisfacen los sentidos. Sin embargo, es difícil de imaginar que alguien confiese, por ejemplo, que disfrutó en forma sensual al comer una pizza, más allá de lo deliciosa que podía estar.
Por eso, reduciendo el margen de acción, vamos a tomar el significado más usual para relacionar lo sensual con aquello referente al deseo sexual. Y a diferencia de lo que muchos suponen, cabe hablar de la excitación antes de entrar en acción. Hasta los sexólogos coinciden en afirmar que el principal órgano sexual es el cerebro. En él nace todo lo relacionado al erotismo y al deseo. A la hora de la sensualidad, el cerebro es más importante que cualquier otra parte del cuerpo.
La seducción de los sentidos es tan penetrante, los caprichos de la imaginación son tan violentos, que el espíritu se forja un sueño lleno de deleites, transportes y éxtasis o, por lo menos, una novela de sensualidad viva y variada; luego, en la ocasión propia, el torrente contenido se desborda, rompiendo los diques de la ley y el deber.
Bajo mi punto de vista, es tan fuerte la mirada de una mujer penetrando los ojos de un hombre, como un tren vala entrando en un túnel, milésimas de segundo de una excitación tal que produce en ámbos cuerpos lo que ya he definido como sensualidad, tras estos momentos especiales viene un rito de gestos propiamentes cegados por la excitación, esos momentos cuesta cambiarlos, estropearlos, ya que se inicia el precioso acto sexual, lo que hay de más sutil en el ser humano, una forma de ser.
Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla, ellas se lo merecen. Se habla sin cesar contra las pasiones. Se las considera la fuente de todo mal humano, pero se olvida que también lo son de todo placer. El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.
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