sábado, 17 de diciembre de 2011

Dulces instintos

Cuando el hombre ve pasar a una mujer hermosa, la razón se esconde. El instinto sexual en el hombre se encuentra más desarrollado que en cualquier otro animal, así, que no se diga que actuamos como animales, estos normalmente actúan en tiempos de reproducción, mientras que el hombre en todos los tiempos, debido a que es más constante ya que posee mucha más energía sin perder su intensidad. Estos instintos en ciertos momentos controlan nuestra personalidad y nos provocan una ceguera momentánea que se centra en la dominación.
El comercio sexual es más amplio, más abierto; la inocencia se empieza a terminar, las tentaciones son demasiadas. Y los impulsos se agrandaron. La abstinencia va quedando únicamente como palabra, antes se prefería a las mujeres vírgenes al llegar al matrimonio pues, el hombre en su machismo quería según él, enseñarlas en el oficio de su placer o ser el primero en su vida.
Para concluir esta entrada dejo un poema dedicado a los instintos que nos definen como animales:

"Cuando el sereno se apodera de nuestros cuerpos, nuestro instinto animal se despierta y con insaciante ardor de deseo enloquecemos, y mientras mis pupilas se dilatan, mis poros se abren dándole entrada al tibio sudor de tu piel, y siento que mi cuerpo arde y siento que el tuyo también, y entre sombras y tinieblas nos amamos, yo sintiéndome hombre, tu sintiéndote mujer y escuchando nuestro mutuo respirar percibiendo solo el dulce y excitante olor de la pasión deslizo mis manos por tu exquisita, divina y perfecta anatomía, y colmados de pasión arduamente nos besamos hasta agotarse nuestro aliento divisando mis ojos los dos soles que esclarecen tu rostro, y fijamente nos miramos mientras nuestros dedos se entrelazan y al mismo tiempo nuestros cuerpos de manera espontánea interpretan una sensual y armónica danza iniciándola a un ritmo pausado como el de un vals y así transcurren las horas sin percatarnos de ellas, y poco a poco el compás se va acelerando hasta convertirse en un toque de mil tambores, queriendo y logrando nosotros llevar el mismo ritmo;
Y así corre un interminable tiempo, hasta culminar nuestro baile pasional, quedando ambos totalmente agotados y completamente húmedos como dos hojas mojadas por el rocío, luego yo cruzo mi brazo alrededor de tu espalda y tu cabeza reposa sobre mi pecho, hasta alcanzar ambos un profundo sueño.
Tú sintiendome tuyo, yo sintiendote mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario